2
En ocasiones, cuando la noche cae, cuando se encontraba en la hora más vulnerable, el silencio resoplaba en su oído como una mosca buscando donde posarse. Sus pensamientos ocupaban gran parte de la disponibilidad que tenía para relajarse, con frenesí, la angustia, hacia lo imposible para sacudirse del dolor.
Buscaba en la oración la paz, su alma ardía del dolor de no poder contenerlo, los ataques de pánicos llegaban por todos lados, pasado, presente, futuro. Todo en el mismo momento, los demonios le consumían toda la energía que le costaba reunir.
Siempre quiso tener la luz de su ángel, siempre ha querido poder invocarlo para obtener sabiduría, pero lo único que escucha es silencio, y se siente culpable, porque muchas veces el quiso estar y él le negó la entrada, ahora, es él quien no quiere aparecer.
Su corazón sufría de tanta soledad, su alma deseaba poder ser liberada, aunque no sabía cómo definirlo, solo esperaba una desenlace en silencio. Su cuerpo, de tanto sentir la agonía, ya no quería ser cómplice, quería continuar con la amenaza entre los juegos de la noche, las confusiones lacerantes, lo sumían en una rutina bastante pesada y aburrida.
Mientras tanto, su piel reflejaba el cansancio que en ocasiones, en las urnas más oscuras, no podía dormir. ¡Dame fuerza! ¡Dame la llave! ¡Encierra mis miedos! Pedía. Sin saber que poco a poco, se alejaba de la luz, no quería dudar, quería tener la seguridad de que alguien o algo, estaba ahí para él.
Pero sin duda, sabía que todo lo que estaba pasando, era una pesadilla que temía era su vida, sabía que la única forma de mantenerse de pie, era encontrar la forma de no ser esclavo de la sumisión, que debía ser irreverente, no consumirse para sobrevivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario