viernes, 4 de agosto de 2017

EL CONTACTO

Caminaba mientras pensaba como resolver que todos miraban su forma al andar, Carlos,  ya contaminado con los prejuicios y las burlas decide ir a un cirujano, partiendo de que él, que arregla desperfectos del cuerpo, pueda ayudarle con su condición, más sin embargo, no fue muy alentadora su visita.
Carlos todos los días salía al trabajo, llevaba una vida normal según creía, tenía una casa, casa que había comprado con su propio esfuerzo, trabajo diario que realizaba para mantener su orden en su residencia, no eran muchas las ocupaciones pero lo hacían feliz; su trabajo era modesto, vendía libros.
Al salir de su casa todas las mañana se topaba con unos bravucones, que le recordaban a Carlos su condición, que lo colocaba a un lado de todos por su complejo de "inferior" que aquellos "adelantados" le solían propinar a diario.
Ya en su tienda, abría la puerta, entendía la luz, dejaba su mochila en su escritorio, verificaba que no hubiera ningún hurto, va al final del local, llena la taza con agua, cuenta 1,2,3 cucharadas de café, 4 cuatro de azúcar, enciende la cafetera y luego regresa al escritorio y esperaba.
Mientras esperaba el café, abre un libro que apenas comenzaba a leer, un libro sobre oratorio publica con el título "como ganar amigos e influir sobre las personas" de -Dale Carnegie- a pesar de todas las comodidades, se sentía inquieto, Carlos era un hombre tímido, inseguro de si, a pesar de sus notables ventajas, creía que debía conocer el amor, apasionado, sensual, pero su timidez siempre lo ocultaba de los demás.
Aun en la espera, escucha la puerta y en ese momento entra una mujer por la puerta principal, ella comienza a recorrer los pasillos, a revisar los estantes, luego ya pasado un rato, nota que ella a pesar de todos los libros no se decidía, los veía leía los títulos y luego los guarda.
Al cabo de unos minutos, Carlos comienza a darle recomendaciones para cada libro que ella tocaba, le hacía resúmenes para animarla y aun así ella no coincidía con los libros. Rápidamente recuerda que estaba esperan el café, va al fondo y casi al instante regresa con dos tazas de café la invita a sentarse, ella acepta, y mientras toman el café ella le comenta que se está mudando, que es a unas casas, y que mientras traían sus cosas decido esperar fuera vio la tienda y quiso entrar.
Hablo de lo lindo que estaba el lugar, de lo rico del café, y de cómo habían personas que le gustaba oprimir a otros, sonrió- curioso pensó- quizás fue Dios que la puso allí para distraerlo. Para mostrarle que siempre hay alguien dispuesto a luchar; hablaron mucho tiempo, 20, 30, 40 minutos quizás, pero no le importaba, no le parecía importar, tampoco que nadie hubiese entrado ni siquiera que revisara los libros más que ella ese día.
Pasados algunos minutos, ella recibe una llamada, era la mudanza, le avisaban que pronto llegarían y que era necesario que estuviera en su casa para realizar la mudanza. Ella se fue, y tras de ella su alma, pensó que era mucha casualidad que dejara la puerta abierta y que esa mujer tan encantadora entrara a su tienda y más aún que se mudara cerca de su casa y más de su tienda.
Termino su taza de café, fue a la mesa, recogió las tazas, se sentó en el escritorio, pensó, miraba su mochila, la abrió, saco la cuerda que llevaba, y mientras lo hacía no dejaba de pensar en ella, tomo la cuerda, se levantó, miro alrededor, mejor espero un poco más -pensó- esto por ahora tendrá que esperar llevo la cuerda al final de la tienda, se sirvió otro café, sonrió, camino al escritorio, colocó la taza en él, recogió sus llaves, su bastón, su mochila y salió.



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